THELMA (2017)
Thelma no es una chica normal, es una veinteañera solitaria de familia ultrarreligiosa que ha vivido siempre bajo la protección de su padre y de su madre discapacitada. Intenta hacer amigos y justo después de mudarse a Oslo para ir a la universidad empieza a experimentar inexplicables ataques epilépticos. Cuando conoce a una compañera de la universidad llamada Anja, descubre que sus sentimientos hacia ella son el detonante de sus incontrolables poderes telequinéticos.
La actriz noruega Eili Harboe interpreta a Thelma.
Drama psicológico noruego de Joachim Trier, cineasta oscarizado este año 2026 por “Valor Sentimental”. La cinta mezcla hábilmente el drama con elementos sobrenaturales, pero transformando lo que podría ser el estereotipo de película de descubrimiento sexual en un viaje poético cargado de misterio, frialdad y poderes sobrenaturales.
La película empieza con una potente secuencia de reminiscencia bíblica a la historia de Abraham y su hijo Isaac. Padre e hija están en un paraje nórdico y cuando parece que van a matar a un ciervo, el padre apunta a su hija, pero como decía Chicho Ibáñez Serrador: “¿quién puede matar a un niño?”. A lo largo del film y mediante flashbacks se nos va mostrando qué puede llevar a un padre a querer matar su propia hija de seis años.
“Thelma” tiene ciertas semejanzas a “Carrie” (Brian de Palma, 1976), en cuanto a la temática de la educación opresiva y los poderes sobrenaturales reprimidos, y a “Déjame Entrar” (Tomas Alfredson, 2008), en cuanto a la elegancia narrativa y su atmósfera típicamente escandinava: una estética fría y estilizada, con pocos colores y un ritmo hipnótico. Juega con la luz y el color con un relato intenso, perturbado y agobiante lleno de magnetismo, halo de misterio y turbadora frialdad.



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